Más allá del Mundial: el modelo noruego que promueve la sostenibilidad, la igualdad y el aprovechamiento de los recursos
Política. Con una monarquía y un primer ministro laboralista que dirige el Gobierno, Noruega tiene una economía y una democracia estables, con gran participación de la población en las elecciones. La Constitución establece una clara separación de los poderes y las políticas públicas promueven la igualdad de oportunidades y reducen las brechas de género. El 11 de julio pasado, la selección noruega le dijo adiós a la cita futbolística más importante del deporte rey: el Mundial. Junto con esta eliminación, culminó una tendencia representada por Erling Haaland e impulsada por las arengas nórdicas implementadas por el equipo durante y después de cada encuentro. Sin embargo, la grandeza de esta nación no se limita a esta histórica presentación deportiva. Noruega es considerada una de las democracias más sólidas del planeta, según el Democracy Index by Country 2026, y figura de manera recurrente entre los países con mayor desarrollo humano y calidad de vida. Su modelo combina una economía de mercado con un amplio Estado de bienestar, instituciones fuertes y una administración responsable de los recursos naturales. Con una población de alrededor de 5,6 millones de habitantes, la nación construyó un sistema que busca equilibrar el crecimiento económico con la protección social. A diferencia de lo que suele creerse, el país no responde a un modelo socialista, sino a una economía social de mercado, en la que la iniciativa privada convive con una importante presencia del Estado en sectores estratégicos y en la prestación de servicios públicos. Además, es considerado uno de los países más verdes del mundo, con 98% de su electricidad proveniente de fuentes renovables, aunque mantiene el aumento de su producción de gas y petróleo, combustibles fósiles que exporta de forma masiva y que constituyen la principal fuente de ingresos, según datos de la BBC. Una democracia parlamentaria consolidada Noruega es una monarquía constitucional parlamentaria. El rey Harald V es el Jefe de Estado y desempeña funciones representativas, mientras que el poder ejecutivo recae en el primer ministro y el Consejo de Estado, responsables de dirigir el Gobierno. En septiembre de 2025, el Partido Laborista noruego, liderado por Jonas Gahr Støre, logró un segundo mandato en las elecciones generales, al superar a un partido populista de derecha. Con una participación del 78,9%, el movimiento de izquierda obtuvo 28,2% de los votos y 53 escaños, una mejora con respecto a su resultado en las elecciones del 2021. La victoria del laborismo ocurre en medio del avance de partidos de derecha y ultraderecha en otros países de Europa, además de la preocupación interna por temas como el aumento del costo de vida, la industria petrolera y la reforma tributaria. Cabe indicar que el Parlamento, conocido como Storting, está conformado por representantes elegidos mediante sufragio universal cada cuatro años. El sistema político es multipartidista, por lo que la formación de gobiernos de coalición es frecuente. La Constitución establece una clara separación entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Asimismo, los municipios y condados cuentan con amplias competencias para administrar servicios como educación, salud y planificación territorial, lo que fortalece la descentralización del Estado. Noruega mantiene, además, altos estándares de transparencia pública. De acuerdo con Transparencia Internacional, el país se ubica de forma constante entre las naciones con menor percepción de corrupción en el mundo.
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